Ruta por las Gargantas del Verdon

Estábamos un poco indecisos, llovía, salía el sol, muchos truenos, no teníamos la mejor ropa para que nos cayese una tormenta y la ruta era de 3 horas. ¡Qué de cosas pueden pasar en tres horas!

Se abrió un poco el cielo y decidimos empezar. Andamos a lo largo de Las Gargantas del Verdon o Gran Cañón de Verdon, después de bajar y bajar, llegamos a un tramo que recorría la orilla del río, allí tres chicos nos invitaron a dar un paseo en barca. ¿Por qué no?

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Al  cabo de un rato el cielo se empezó a nublar… Habíamos andado no más de una hora y media, y siempre cuesta abajo, por lo que ahora nos tocaba subir. Decidimos volver a la orilla donde nos recogió la barca y reemprender el camino de vuelta.

Empezamos a subir y empezó a llover. Caminábamos por una reguera que bajaba de la montaña, y aunque al principio podíamos subir sin mojarnos los pies, llegó un momento en el que nos miramos y dijimos “este no es el camino”. No había manera de caminar y pisar fuera del agua, estaba diluviando, la reguera cada vez era más ancha y llevaba más agua.

Por fin llegamos a una explanada y nos metemos debajo de unos arbustos para ver el mapa y que no se empapase más de lo que ya estaba.  Parecía que era el camino correcto, pero allí, en mitad del monte, había un cordón rojo y blanco, un cordón de obra sujeto a unas varillas de metal. Lo saltamos, seguimos subiendo y al cabo de un rato encontramos el último tramo del camino de vuelta.

Se nos complicó un poco y nos calamos enteros, pero dos horas y media después de bajar de la barca estábamos de vuelta en La Furiosa, en casa!

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