Maldita serpiente

Hacía un poco de aire a orillas del río Sava por lo que decidimos poner el camping gas dentro de la furgoneta, la mesa delante de la puerta lateral y usar el escalón de entrada como asiento.

“¿que tengo en el pie?”, dice Lidia

Se mira y grita , “!una serpiente!” 

Evidentemente yo tampoco quería jugar con la serpiente, no sabía si era grande, pequeña, gorda o fina por lo que levante los pies del suelo y me incline hacia detrás. En ese momento vimos a la serpiente metiéndose entre los arbustos a toda velocidad. Seguro que ella tampoco se esperaba nuestro sobresalto cuando tranquilamente paseaba por el pie de Lidia.

Cuando me incline hacia atrás note el calorcito en mi espalda del camping gas que acabábamos de apagar. Yo sin camiseta y el hierro todavía ardiendo… os podéis imaginar…Instintivamente me toque rápidamente la espalda y me quede con una tira de piel en la mano.

Pero no me dolía.

Le dije a Lidia, “creo que me he quemado”.

Ella me miró la espalda y me contesta, “claro que te has quedado, mucho, deberías ir al médico”.

No me dolía y pensaba que quizás se estaba preocupando demasiado.

Lidia insiste en echarme agua y le pido que me haga una foto para ver la gravedad del asunto.

Cuando lo vi quizás me preocupé un poco, si me salía una ampolla no iba a ser muy cómodo. Lidia me vació la garrafa de agua en la espalda, después salte en su bicicleta, porque la mía estaba a punto de fallecer, y pedaleé hasta el puesto de emergencias más cercano.  Allí me encontré a un chaval muy majete, que sin ninguna prisa fue a llamar a su compañera que dormía en la ambulancia, me pusieron un poquito de pomada, una gasa y ala, a pedalear de vuelta a La Furiosa.

No se si fue el agua, el quitarme la piel con la mano, la pomada que me dieron o los cuidados de Lidia, pero ni se infectó ni se hizo ampolla alguna.

Simplemente se me quedó la marca de una sonrisa en la espalda.

***