Las bicicletas, un amor/odio

Lo que teníamos con las bicicletas era un amor/odio que nunca terminaba. Los primeros días no le dimos mayor importancia, pero a medida que estos pasaban….ay cuantas veces se nos pasó por la cabeza abandonarlas por el camino, tirarlas por un puente, o regalárselas a alguno niño.

Viajaban con nosotros dentro de la furgoneta, es decir, que el número de veces que las metimos, sacamos, colocamos y atamos, fue descomunal.

El amor llegaba cuando recorríamos en ellas varios kilómetros por la costa, cuando nos refrescaba la brisa al pedalear. Cuando no necesitábamos de La Furiosa para movernos desde algún rincón en el campo donde estábamos pasando varios días, cuando nos transportaban por todas las callejuelas de una ciudad iluminada de noche, cuando nos llevaban por largas sendas a través del campo, o por la carretera a la tienda más cercana…..

El odio aparecía cuando el recuerdo del amor empezaba a desvanecerse, cuando llegaba la noche y teníamos que hacer la cama, desatar las bicis, sacarlas y atarlas por los alrededores, cuando a la mañana siguiente teníamos que desatarlas de nuevo, colocarlas dentro, atarlas y saber que en unas horas ellas te estarían esperando de nuevo, cada noche y mañana durante mucho tiempo.

CroaciaBledBici

Pero el amor volvía una y otra vez cuando nos subíamos en ellas, en un día soleado, por un camino hasta una playa solitaria, por las calles de un pueblo sin gente.

Y de nuevo el odio, despertarte con una lluvia intensa, las malditas bicicletas en la calle, empapadas, chorreando, sales a por ellas te empapas tú también, piensas en el tetris que tienes que montar para secarlas dentro y no manchar todo, piensas en abandonarlas atadas a la farola, piensas en que la próxima vez dormirás con ellas dentro, pero….¡es peor!

Y poco a poco una de ellas empezó a fallar, se hizo muy mayor y ya no quiso pedalear. Se rompió, y fue ella la que nos abandonó.

CroaciaBicis

***