Villa Chuity

Seguíamos unas coordenadas que nos llevarían a una playa paradisiaca en Grecia, al lado de un camping abandonado, pero donde los lavabos y duchas funcionaban perfectamente.

“¿estás seguro?”, le preguntamos al chico alemán en nuestro paso por Albania.

“Os va a encantar, os lo aseguro”, responde.

Conducíamos por un camino de tierra, era de noche y las coordenadas nos mandaban al medio del mar.  Mira que le preguntamos si estaba seguro.

Seguimos conduciendo a 10km/h, ya solo buscando un rincón para pasar la noche,hasta que en la distancia nos pareció ver una luz y varias caravanas. Era tarde, nos se veía nada, y por hoy ya habíamos conducido suficiente. Optamos por pasar la noche junto al resto de caravanas, y esperar a la mañana siguiente para continuar la busca del fabuloso sitio que nos recomendaron.

A la mañana siguiente y con luz, cuando las cosas se ven de otra manera, decidimos seguir camino abajo e investigar un poco. A los pocos minutos llegamos a lo que quizás algún día fue un camping, a lo que quizás el muchacho se refería.  Una explanada al lado de la playa, con dos pequeños edificios medio en ruinas, sin duchas y con cachos de lavabos, vides, piedras y azulejos por el suelo. A lo mejor el chico estuvo aquí hace varios años y le entendimos mal, o nunca tuvo la intención de ducharse, coger agua, ir al baño o acercarse a los edificios, y solo usó su imaginación. Quien sabe.

Arrancamos La Furgo y nos pusimos a conducir por el mismo camino pero en sentido contrario. Al cabo de un rato al volante, encontramos lo que sería nuestra villa por una semana. La arena de la playa llegaba casi hasta La Furgo, rodeados de pinos, y donde los únicos ruidos que había eran los de los pájaros y el mar.

Teníamos nuestra zona para fregar, para cocinar y un caminito de piedras hasta el mar. No necesitábamos más.

Levantarnos temprano, nadar y caminar por la playa era nuestra tarea principal.

 

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