12 Km desde EPIKOURIOS APOLONAS‏

Templo de Apolo

A las 5:00 de la mañana suena el despertador, y por un momento pienso, “la próxima vez contaré hasta diez antes de hablar”.

El padre de Elina, nuestra amiga, nos dijo que participaba en una carrera al día siguiente, 12km desde el Templo de Apolo.  Y como hay que probar todo, no solo comida y vino, le pregunté, “¿y yo, puedo correr?”.  Aunque terminase el último, si es que terminaba, sería una buena experiencia.

Sobre las  5:30am nos recoge el señor que peor conducía de todo  Zacharo, ya apuntaba maneras antes de sacar el coche del pueblo. Empezamos el ascenso vertiginoso hasta el templo, y aunque nadie decía nada, los 4 que íbamos con él en el coche pensábamos lo mismo, y no porque lo diga yo, sino porque no estábamos agarrados a más sitios porque no teníamos más manos. Trate de concentrarme en el precioso amanecer, las montañas y la manada de jabalís que nos hicieron detenernos en la carretera.

Fue una experiencia increíble, que Aris me enseñase la casa de Apolo antes de empezar a correr, contemplar como las montañas se extienden a los pies del templo, ser el único extranjero entre tanto griego, el buen ambiente, llegar a la meta mucho mejor de lo que yo pensaba, la comida y el vino con todos los corredores una vez terminada la carrera, hacer el camino de vuelta en otro coche….

Cada día tenemos que levantarnos dispuestos a cambiar, lo que conlleva probar, descubrir, escuchar y querer entender

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