De camino a Francia, la historia se repite.

Nos viene a la cabeza recuerdos de Escocia. La primera noche, pensando (o más bien sin pensar) que una sábana sería suficiente, nos dejamos llevar por la belleza y la tranquilidad que nos transmite el paisaje y decidimos pasar la noche a orillas de un río en los Pirineos.

Nos pelamos de frío.

Como podéis imaginar, lo primero que hicimos el día siguiente fue comprar un edredón. Ese día nos prometimos que nunca más volvería a pasar.

Cruzamos  pequeños pueblos como Puycelsi con una vista preciosa sobre el Valle de Vère, amurallado y construido sobre una base rocosa, Najac que se extiende sobre una sola calle a lo largo de una colina coronada por un castillo, Monesties, Couvertoirada ,Saint Cirr, La Popie, Albi, Bruniquel …

Todos ellos llenos de encanto. Unos con arenas de colores ocre, otros  rodeados por  campos de lavanda o castillos impresionantes, con calles estrellas y empedradas, productos locales y  mucha artesanía.

Siempre intentamos conducir por carreteras secundarias, para disfrutar de los paisajes, pueblos y sus gentes, sus alimentos y sobre todo su vino, o simplemente para perdernos por un camino de tierra y pasar la noche rodeados de naturaleza.

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