Encuentro con los Guaranies

La gente de América

Nuestro viaje y manera de vivir forma parte de un aprendizaje que de otro modo, nunca podríamos alcanzar.

La diversidad no solo ha de estar en los paisajes, sino en las distintas culturas, tradiciones y formas de entender la vida, ya que si todo esto se unifica, se globaliza, viajar también se convertirá en una rutina de la que poco se podrá aprender.

Durante siglos la selva ha sido el hogar de la comunidad indígena Guaraní, que a diferencia de otros grandes imperios como por ejemplo el español o el portugués, ha sabido vivir en armonía con ella, orientándose entre su basta vegetación llena de peligros, y usando con respeto los recursos que solo la tierra puede darnos.

Parte de los indígenas Guaranies se desplazaron para asentarse en las proximidades de los ríos, Paraguay, Paraná, Iguazú y Uruguay, huyendo de los conquistadores y de la masiva evangelización por parte de los jesuitas.

Hoy en día, en el departamento de Misiones, Argentina, 13 aldeas Guaranies siguen luchando por subsistir.

El fin de este articulo/entrevista no es otro que llevar un beneficio a las aldeas y a quien las visite, y así tratar de evitar que su historia solo pueda encontrarse en los libros. Antes de escribir o tan siquiera tomar una fotografía a los miembros de la aldea, pedimos el consentimiento de Eliseo, cacique de la aldea Jejy.

eliseo

Decidimos recorrer 20 kilómetros hacia el interior de la selva en busca de la Aldea Jejy, primera de las 13 que podemos encontrar dispersas por la Selva Paranaense, Argentina. Cerca de la frontera con Brasil. Durante el recorrido, y antes de tener cualquier tipo de contacto con algún miembro de la comunidad, hemos sido testigos del acorralamiento que sufren los indígenas por el aumento de la propiedad privada, las tierras fiscales, por la explotación maderera, y por no suponer un beneficio económico directo al gobierno.

El día que llegamos a la aldea fuimos recibidos por el cacique. Eliseo tiene 51 años y desde 2007 es el cacique de la Aldea Jejy, formada por 34 familias cuyo idioma principal es el guaraní.

anciana

Junto a él, parte de su aldea nos mostró como poco a poco la comunidad que es forzada a romper con sus tradiciones, costumbres, y necesidades básicas como son la caza y la pesca. Debido a esto, hace más de 40 años que las aldeas se establecieron en un único sitio, dejando atrás siglos de vida nómada que permitía el desarrollo de estas comunidades indígenas.

“Siempre somos nosotros los que tenemos que adaptarnos”– enfatiza Eliseo.

Su comunidad se basa en la acción colectiva por el beneficio común y no individual, por lo que asiduamente llevan a cabo asambleas en las que todos los miembros participan para mejorar su más que delicada situación.

Hace tiempo una asociación dirigida por un alemán estableció una escuela en las proximidades de las aldeas, la comunidad indígena decidió expulsar a esta persona ya que consideraron que su método de enseñanza era impositivo, no educativo. La escuela se sigue manteniendo como centro educativo, ya que los miembros de las aldeas consideran necesario la escolarización de los más jóvenes, y así poder usar el conocimiento para beneficio común y para poder luchar por sus derechos, no como una puerta que invite a los más jóvenes a que abandonen las aldeas.
Solo una vez al mes un médico voluntario visita a los indígenas, ya que la escasez de alimento ha hecho que en ocasiones tengan que desplazarse a las ciudades para comprar comida, a la que no están acostumbrados y con la que pueden enfermar.

También, debido a la falta de recurso dejaron de fabricar sus propias armas de caza y vestimenta, utilizando lo que hoy algunos voluntarios les hacen llegar.

Todavía hoy, Eliseo conoce y usa las plantas y remedios naturales que se hayan en la selva para curar a los suyos. Este es un secreto que guarda para sí mismo ya que hay personas que solo buscan sacar un beneficio económico de esto.

“Nuestra farmacia es la selva y ya nos arrebataron demasiado”

En todos estos años, la esclavitud, el forzoso desplazamiento y muchas otras razones como la imposición de la religión como modo de conducta y por supuesto método de engaño, ha creado una confusión que ha hecho que ni ellos mismos puedan recordar con exactitud costumbres de sus ancestros, quedando estas en el olvido.
Por este motivo la comunidad ha decidido comenzar a dar charlas para compartir su historia, cultura y lenguaje, al igual que a abrir las puertas de sus aldeas, amoldándose una vez más a un cambio necesario para su subsistencia. Su autosuficiencia pasa por compartir lo que todavía les queda.

De las 13 aldeas que forman toda la comunidad, tan solo una de ellas se cobija más cerca del corazón de la selva, evitando así el contacto con el colono. Todas las aldeas se ayudan entre sí.

En este periodo de adaptación, quieren tratar de tener un turismo sostenible y responsable, con quien compartir sus alimentos, alojamiento, costumbres, artesanía y conocimiento. Han habilitado senderos por los que pueden guiarnos a través de la selva, dos pequeñas cabañas para hospedar a gente, y un espacio rodeado de palmeras en el centro de la aldea donde personas como nosotros pueden dormir en sus vehículos.

Gran parte de su alimentación se basa en el maíz, anana, batata o bananas, mientras que pese a seguir cazando y pescando, esta ha dejado de ser una fuente principal de alimentación. Como dijimos anteriormente, la acción del colono tiene un impacto muy negativo en su vida diaria. En cuanto a la artesanía, durante toda su historia esta no ha dejado de tener un fuerte peso en el desarrollo y beneficio de la comunidad. La artesanía se compone de productos naturales como semillas y porongo.

También necesitan de quien pueda enseñarles determinadas habilidades para aprovechar algunos de sus recursos, como por ejemplo, mostrarles cómo hacer jabones o velas del aceite que podrían extraer de la Citronela, si tuviesen unas herramientas básicas.

Al igual que sucede con otras comunidades indígenas, agencias y particulares trataran de obtener un beneficio llevando turistas a las aldea, lo que dejara la mayor parte del beneficio en dichas agencias, y no en quien realmente lo necesita.
Si estás interesado en visitarles, ayudarles o aprender de ellos, por favor escríbenos y te facilitaremos el contacto de Eliseo. Él mismo te informará del precio que cree justo y suficiente por dormir, guiarte por la selva, compartir su comida tradicional y mostrarte su forma de vida.

Aproximadamente 7 dólares por persona.

La aldea Yryapy es otra de las que se encuentran en las proximidades y podemos visitar, aparte de la artesanía que es una actividad común en todas las aldeas, ellos plantan orquídeas y producen miel. Como para cualquier otra, hay que pedir permiso al cacique si queremos entrar, su nombre es Teodoro.

Al aproximarse aquí, podemos ver alguna señal que dice “Aldea indígena integrada en la comunidad” . Según nos cuenta los indígenas estas pertenecen a colonos que lo usan para atraer al turismo, brindando un alojamiento o comodidades que obviamente, no se encuentran en las otras aldeas.

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