En cada pueblo hay uno

Siempre que podemos tratamos de dormir retirados de casas, carreteras muy transitadas, zonas urbanas…en busca de un sitio tranquilo, donde no molestes, y fundamentalmente, donde no te molesten. Y pese a perderte por el bosque, esconderte detrás de unos árboles, subirte a la cima de una montaña o encontrar una playa recóndita, la tranquilidad no siempre está garantizada.

De su nombre no me acuerdo, y no es porque no hiciera méritos, pero si algún día decides dormir aquí, él te estará esperando.

1ª Noche en Bulgaria. Proximidades de Emen.

Ruta por el Cañón Emenski y la Cascada Monin Skok  (haz clic y conoce la ruta)

La ruta la comenzamos desde la cueva de Emen,  la más larga de Bulgaria con 3113 metros y con cientos de murciélagos. Era sábado, y había otros 4 o 5 coches de gente que como nosotros venía a hacer la ruta por el Cañón Emenski. Todos menos uno. Un tipo de unos 60 años, prejubilado por problemas del corazón, (aunque creo que quiso decir mentales), y con poco que hacer. Un hombre que cansado de ver siempre las mismas caras en Emen, su pueblo, los fines de semana se viene a este punto de la ruta en busca de transeúntes.

Y allí nos encontró.

Él hablaba a todo el mundo que se cruzase por su camino. Era como el señor que te da la bienvenida en la puerta del circo, como el que recoge los tickets antes de pasar el torno a una atracción de feria. Estaba sentado justo donde comenzaba la senda, donde más estrecho es el camino. Donde si o si, tenías que pasar por su lado.

Vivía con su madre, nos trajo flores y té. Dependiendo si había gente o no él venía y se iba. Si nos descuidábamos le encontrábamos sentado en nuestra mesa. Nos habló de su pequeña pensión, de una misteriosa mina de oro, de su mujer quien vivía a 25 kilómetros de él, y entre cigarro y cigarro nos contaba su delicado estado de salud debido a un infarto al corazón. Nos habló de infinidad de cosas que bien no entendíamos o no prestamos atención. Dentro de su extraña cordura, no era muy molesto, pero,

“¿se marcharía pronto?”
“¿o esperaría a que el último coche se fuese?” 

Esos últimos íbamos a ser nosotros, porque pensábamos dormir allí.

Después de todo el día nos apetecía cenar, ver las estrellas y descansar con los únicos ruidos del río y los animales. Por lo que tuvimos que invitarle a que se marchara.

“¿Crees que volverá más tarde?”– Preguntó Lidia
Pero eran casi las 10 de la noche, me parecía poco probable que volviese a venir caminando desde el pueblo. ¿Para qué?

De repente un ruido me despierta. Lidia esta con los ojos abiertos. Dentro de la furgoneta se ve como entra el resplandor de una luz. Miramos el reloj, las 3:15 am. Al instante se escucha como alguien tose y camina alrededor de la furgoneta.   Abrimos la ventana y en la oscuridad vemos a un tipo al que enfocamos con una luz potente, cegadora.
El individuo está a unos 4 metros, con una capa y un bastón pegado a una hoguera. Mirándonos.

Unos segundos más tarde dice

“¿tienes un cigarro?”

Es él, su voz.

Fue hasta tranquilizador saber que era él, al menos lo conocíamos. Le decimos que se vaya a su puta casa a dormir y cerramos la ventana para no dar pie a más conversación.

Nos tumbamos de nuevo, y no pasan 5 minutos cuando sentimos que alguien está tocando la carga que llevamos detrás de la furgoneta.
Seguro que es él, ¿pero estará con alguien más? ¿No ha entendido que nuestra de voz no era amigable?

Son cerca de las 3:30am y yo quiero dormir. Con el frontal en la cabeza, la linterna en una mano y el hacha en la otra abro la puerta para ver que está pasando. Salimos y de repente le vemos aparecer de la parte trasera de la furgoneta, paralizado frente a nosotros con el bastón, un rollo de papel higiénico y un bolígrafo en la mano.

No está de acuerdo con nuestra actitud,

“¿Porqué el hacha?”

Pregunta, dice que esos sustos no son buenos para su delicado estado de salud.

Nos cuenta que solo estaba escribiendo a bolígrafo en la furgoneta su nombre, teléfono y dirección.

A los pocos minutos apagó la hoguera, nos pidió que le diéramos las buenas noche y se marchó.

Esta vez conseguimos que no volviera.

 

***