Empieza desde New York

Muchos sois los que nos habéis preguntado la razón por la cual hemos comenzado a recorrer las Américas de sur a norte, y no viceversa, porque no empezar por la “Capital del Mundo” New York. Desembarcar y hacer la entrada al continente Americano entre las miles de luces y taxis amarillos que inundan los 33 kilómetros de la Avenida Broadway, o averiguar si las película realmente reflejan la realidad que se vive en El Bronx. La verdad es que no hemos tenido ninguna razón aparente, quizás la fecha en la que pensábamos llegar o quizás el riesgo de querer pasar demasiado tiempo allí, pero lo cierto es que no queremos perdérnoslo.

New York está lleno de curiosidades, sus calles, gentes y edificios esconde  una historia inmensa.

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Al caminar por Broadway no solo estaremos inmersos en la cultura teatral, sino que estaremos caminando por lo que originalmente era una senda de los indios Algonquinos a través de los bosques de Manahtin, de donde derivo el nombre actual, Manhattan. Más tarde, cuando los holandeses fundaron Niew Amsterdam, actual Nueva York, convirtieron la senda en una calle y la llamaron Breedewegh, que significa camino ancho, y que hoy día alberga multitud de teatros donde la creatividad da vida a miles de personajes.

Cuando alguien nombra a New York, la imagen de La Estatua de la Libertad asalta nuestro primer pensamiento, y pese a ser una visita obligatoria, no hay que olvidar que junto a ella se encuentra la minúscula Isla Ellis. Un pequeño islote al que se le dieron muchos nombres, y en el cual más de 12 millones de inmigrantes fueron inspeccionados por el servicio de aduanas antes de cruzar a territorio Norte Americano entre los años 1892 y 1954.   En “Kioshk”, nombre con el que las tribus indias locales se referían a la isla,   se encuentra el Museo de la Inmigración, donde más de 100 millones de estadounidenses pueden encontrar los nombres de sus antepasados, algunos de ellos vivos a día de hoy.

Mientras una cantidad innumerable de personas llegan por aire a la ciudad de los rascacielos, también hay un gran número de viajeros cuyo primer contacto con New York es a través de la famosa Grand Central Terminal.   Si antes hablamos de historias personales, aquí se cruzan a diario miles de ellas. Gente con distintos destinos que se cruzan en este punto por distintos motivos. Solo esta estación en el mundo costa de 44 andenes.  No hay otra que la iguale. Los miércoles se pueden hacer tour gratuitos y cualquier día podemos sentarnos a mirar las más de 2500 estrellas que brillan en la bóveda del gran vestíbulo diseñada por Monroe Hewlett y Helleu, quien dibujaron el techo mirando su boceto desde arriba, por lo que al plasmarlo en el techo lo hicieron al revés. El cielo siempre se mira desde abajo. Pocas estaciones de Tren han sido protagonistas de tantas películas como Grand Central Terminal.

Como otras ciudades, la percepción que tendremos de la misma no será igual si la visitamos en verano o decidimos esperarnos hasta que la nieve cubra las aceras, y una vez más como desde 1913, se vuelva a elevar el gigantesco árbol de navidad que ilumina Rockefeller Center, y que a su vez adorna la pista de patinaje sobre hielo que se creó con el fin de atraer la atención a la plaza, y que hoy se mantiene abierta desde el mes Octubre hasta Abril. John D. Rockefeller, un multimillonario que llego a monopolizar el mercado del petróleo en Norte América, fue quien mando construir lo que desde hace años es la imagen de una bonita postal. Como curiosidad y dato que hace obligatoria la visita a esta plaza, decir que el Instituto Americano de Arquitectura declaro Rockefeller Center como la segunda pieza de arquitectura mas significante en América, solo después de la universidad Thomas Jefferson´s de Virginia.

Que ver o hacer en New York son preguntas con infinitas repuestas. Casi todo los viajeros quieren formar parte del bullicio y el desconcierto que se respira en Time Square, cruzar el puente de Brooklyn o como no, recorrer la 5ª Avenida, pero no deberíamos olvidar que la verdadera atracción se suele esconder tras las paredes de los grandes monumentos, en algún sótano que susurra unas notas de Jazz, o en bares como  Jimmy’s Corner, donde los recuerdos y vida de su propietario, Jimmy Glenn, se estampan en las paredes en forma de posters.  El más significativo, al menos para el conocido entrenador de boxeo, es aquel en el que su mirada no dista más de dos palmos de los ojos de Muhammad Ali.

Para visitar New York no solo hay que dejarse llevar, sino explorar más allá de lo que la superficie nos deja ver.

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