Entramos a boxes

Se enciende el piloto de la temperatura, paramos, abrimos el capó sin mucha idea, miramos y todo parece que está BIEN. Dejamos que se enfríe, arrancamos de nuevo y otra vez. Llamamos a nuestra asistencia en carretera, un amigo mecánico en España que no lo coge porque el número que le sale en el teléfono no le cuadra y piensa, ‘a ver si me van a cobrar’.  A la quinta llamada se le ilumina la bombilla ¡Lidia y Javi !

Comprobamos todo lo que nos dice, ponemos el ventilador a funcionar sin cesar y el piloto de la temperatura sigue encendido.

Decidimos dar la vuelta y buscar un concesionario, pero es tarde, tenemos que pasar la noche en las inmediaciones del mismo y esperar a la mañana siguiente a que abran.

Un trato increíble.

Cogen La Furiosa a los pocos minutos de llegar, mientras ven que le pasa a nuestra casa con ruedas, nos dejan un mostrador, enchufar los ordenadores, nos dan la contraseña de internet, nos dejan enchufar nuestra nevera que estaba llena de comida, nos aconsejan lugares que no debemos perdernos y comida que no debemos dejar de probar. Se van al descanso, fuera del concesionario, cierran las puertas y nos permiten quedarnos dentro….

El testigo que indica la temperatura en el cuadro está roto, La Furiosa no se calienta. Podemos continuar.

¡Gracias a Robert y a todo el equipo!

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